Ilustración editorial — Threshold Review
Elegir software para una pyme no debería ser tan difícil. Sin embargo, para muchas empresas en España y Latinoamérica, se ha convertido en una de las decisiones más confusas —y costosas— que pueden tomar.
La oferta es abrumadora: CRM “imprescindibles”, ERP “todo en uno”, herramientas con inteligencia artificial “revolucionaria” y promesas constantes de ahorro de tiempo, dinero y esfuerzo.
Pero la realidad es mucho menos brillante.
Cada año, miles de pymes contratan software que no usan, que usan mal o que acaban abandonando a los pocos meses.
No porque sus responsables tomen malas decisiones, sino porque el proceso está profundamente distorsionado por el marketing, la falta de información práctica y una presión constante por “digitalizarse” sin una hoja de ruta clara.
Este artículo nace para resolver ese problema.
Aquí no vas a encontrar listas interminables ni recomendaciones patrocinadas sin contexto. Tampoco discursos grandilocuentes sobre transformación digital.
En su lugar, encontrarás una guía clara, honesta y pensada para empresas reales: pymes, autónomos avanzados y equipos pequeños que necesitan que la tecnología funcione, no que impresione.
A lo largo de esta guía aprenderás a identificar qué tipo de software necesita realmente tu empresa, qué errores evitar antes de contratar, cómo evaluar los costes reales (más allá del precio mensual) y cuándo la inteligencia artificial aporta valor… y cuándo no.
Si estás tomando —o vas a tomar— una decisión tecnológica importante para tu negocio, este texto es para ti.
Antes de mirar herramientas, define tu empresa (de verdad)
El error más común al elegir software para una pyme no es técnico. Es conceptual.
La mayoría de empresas empieza el proceso al revés: buscan “el mejor CRM”, “el ERP más completo” o “la herramienta que todo el mundo usa”, sin haber definido antes cómo funciona realmente su negocio, dónde están sus fricciones y qué problema concreto quieren resolver.
El resultado suele ser previsible: herramientas sobredimensionadas, flujos innecesarios y una sensación constante de estar pagando por algo que no encaja del todo.
Antes de comparar software, hay que hacer un ejercicio mucho más simple —y mucho más incómodo—: entender tu propia empresa.
De hecho, muchos de los problemas que aparecen más adelante —costes innecesarios, herramientas infrautilizadas o migraciones forzadas— no tienen que ver con una mala elección técnica, sino con errores previos en el planteamiento de la decisión. Algunos se repiten una y otra vez en pymes de todos los tamaños: elegir por presión externa, sobredimensionar herramientas o confiar en promesas genéricas sin contexto. Hemos analizado estos patrones en detalle en los errores más habituales al elegir software empresarial,
precisamente para ayudarte a identificarlos antes de que condicionen todo el proceso.
1. ¿Qué tipo de empresa eres hoy (no la que te gustaría ser)?
No es lo mismo una pyme de servicios profesionales que una empresa comercial, una agencia, un ecommerce o un despacho. Tampoco es lo mismo una empresa con un equipo estable que otra en crecimiento, o una organización donde todo pasa por una persona frente a otra con procesos repartidos.
Antes de mirar herramientas, deberías poder responder con claridad a preguntas como estas:
¿Cuántas personas usarán el software hoy y cuántas lo harán dentro de un año?
¿Dónde se pierde más tiempo actualmente en el día a día?
¿Qué tareas se repiten cada semana de forma manual?
¿Quién toma decisiones y quién ejecuta los procesos?
Si no tienes claras estas respuestas, ningún software te va a “ordenar” el negocio por arte de magia.
2. Procesos primero, software después
El software no crea procesos. Los amplifica.
Si tu proceso comercial es confuso, un CRM solo lo hará más complejo.
Si tu facturación es desordenada, un ERP no la arreglará por sí solo.
Si la comunicación interna falla, añadir más herramientas suele empeorar el problema.
Un buen ejercicio práctico es este:
Describe en una hoja cómo entra un cliente, cómo se le vende, cómo se le factura y cómo se le da soporte, sin mencionar ninguna herramienta.
Solo cuando ese recorrido está claro tiene sentido preguntarse qué software puede hacerlo más eficiente.
3. No todas las pymes necesitan lo mismo (aunque el marketing diga lo contrario)
Existe una narrativa muy extendida que empuja a las pymes hacia stacks complejos: CRM, ERP, automatizaciones, inteligencia artificial, dashboards y más capas de software.
En algunos casos tiene sentido. En muchos otros, no.
Hay empresas que funcionan perfectamente con:
Un CRM sencillo y bien configurado
Una herramienta de facturación clara
Un sistema de comunicación interno bien utilizado
Añadir más capas sin necesidad no es madurez digital: es ruido.
La pregunta correcta no es “qué herramienta usan las empresas modernas”, sino:
¿Qué herramienta elimina hoy un problema real en mi empresa?
4. La trampa del “ya creceremos luego”
Otro error frecuente es elegir software pensando en una empresa futura que todavía no existe: más empleados, más clientes, más complejidad.
Planificar el crecimiento es sano. Sobredimensionar herramientas, no.
Muchas pymes acaban atrapadas en software caro y rígido “por si acaso”, pagando durante meses —o años— funcionalidades que nunca llegan a usar.
En muchos casos, esta sobredimensión inicial termina provocando una migración prematura o innecesaria. Saber cuándo cambiar de software en una pyme (y cuándo aguantar)
es una decisión tan estratégica como la elección inicial, y no siempre la respuesta es “cuanto antes mejor”.
En la mayoría de casos, es mejor elegir herramientas que escalen contigo que herramientas que te obliguen a escalar para justificarlas.
El problema no es el software: es cómo se toman las decisiones tecnológicas
Durante años, la tecnología empresarial se ha presentado como una promesa de eficiencia casi automática. Bastaba con “digitalizarse”, contratar un software y los problemas parecían destinados a desaparecer.
En la práctica, muchas pymes han descubierto lo contrario: más herramientas, más costes y, a menudo, más complejidad.
El error habitual no está en elegir mal una herramienta concreta, sino en empezar por el lugar equivocado. La mayoría de decisiones tecnológicas en pequeñas y medianas empresas se toman desde la urgencia —una factura que no cuadra, un equipo comercial desordenado, un crecimiento que empieza a doler— y no desde una visión clara del negocio.
Aquí aparece el primer gran malentendido:
El software no soluciona problemas estructurales. Solo los amplifica.
Si una empresa no tiene claros sus procesos, su modelo de ventas o sus prioridades reales, cualquier herramienta —por muy avanzada o “inteligente” que sea— acabará convirtiéndose en una capa más de fricción.
Tecnología sin contexto: el origen de muchas malas decisiones
En España y en buena parte de Latinoamérica, muchas pymes toman decisiones tecnológicas guiadas principalmente por tres factores:
Recomendaciones informales (“esto lo usa mi gestor”, “a mi primo le funciona”).
Marketing agresivo de proveedores SaaS.
Miedo a quedarse atrás frente a la competencia.
Rara vez se parte de preguntas más incómodas, pero decisivas, como estas:
¿Qué problema concreto estamos intentando resolver?
¿Quién va a usar esta herramienta cada día?
¿Qué procesos deben cambiar antes de implantar software nuevo?
¿Qué ocurre si dentro de un año el negocio crece, cambia o se simplifica?
Cuando estas preguntas no se formulan, el resultado suele ser el mismo: herramientas infrautilizadas, costes recurrentes que no generan valor y una sensación difusa de “estar pagando demasiado por poco”.
El espejismo de la inteligencia artificial
En los últimos años, la inteligencia artificial ha añadido una nueva capa de confusión. Muchas herramientas prometen automatizar decisiones, ahorrar tiempo y “hacer el trabajo por ti”, cuando en realidad no todas las aplicaciones de la IA tienen un uso empresarial real en pymes
y su impacto depende mucho más del contexto, los datos y los procesos que de la tecnología en sí.
Pero la realidad es más simple —y más incómoda—: la IA no compensa procesos mal definidos, datos desordenados ni equipos que no saben qué están intentando resolver.
En muchas pymes, la IA termina siendo una funcionalidad llamativa que no se usa, o peor aún, que se usa mal.
Antes de preguntarte qué software tiene mejor IA, conviene hacerse otra pregunta mucho más básica:
¿Tengo un proceso claro que merezca ser automatizado?
Si la respuesta es no, la inteligencia artificial no va a salvar la situación. Solo va a hacerla más cara.
Por qué esta guía empieza aquí
Antes de hablar de CRM, ERP, automatización o herramientas concretas, era necesario establecer este marco.
Elegir software para una pyme no es una decisión técnica. Es una decisión estratégica. Afecta a cómo se trabaja, cómo se vende, cómo se mide y, en última instancia, a cómo sobrevive la empresa.
Todo lo que viene después —comparativas, criterios de elección, costes reales y casos de uso— solo tendrá sentido si se entiende esta idea básica:
La tecnología debe adaptarse al negocio, nunca al revés.
Tipos de software para pymes: qué hace cada uno y cuándo tiene sentido
Una vez entendido el contexto —tu empresa, tus procesos y tus prioridades reales— llega el momento de hablar de herramientas.
Aquí conviene hacer una aclaración importante: no todo el software empresarial cumple la misma función, ni todas las pymes necesitan las mismas categorías.
Un ejemplo especialmente revelador de esta dinámica se da en los sistemas CRM. A menudo se presentan como soluciones universales para vender más o automatizar procesos, cuando en realidad su impacto depende casi por completo de cómo se integran en la operativa real de la empresa.
Para muchas pymes, automatizar y estructurar correctamente las ventas no pasa solo por contratar un CRM o un ERP, sino por entender cómo conectar procesos de automatización con el trabajo comercial real. En este sentido, hemos preparado una guía específica sobre cómo automatizar ventas en pymes sin necesidad de un equipo técnico.
En ella explicamos qué herramientas son realmente accesibles, qué automatizaciones aportan valor de verdad y cómo implementarlas sin depender de desarrolladores, con ejemplos prácticos de flujos que pueden activarse en pocas horas.
Uno de los errores más habituales es intentar resolver problemas distintos con una sola herramienta “todo en uno”, o contratar varios sistemas que se solapan entre sí sin aportar valor adicional.
Para evitarlo, conviene entender qué tipo de software existe, qué problema resuelve cada uno y en qué momento tiene sentido incorporarlo.
CRM: gestión de clientes y ventas
Un CRM (Customer Relationship Management) sirve para gestionar relaciones comerciales: contactos, oportunidades, seguimiento de ventas y, en algunos casos, soporte postventa.
Tiene sentido cuando:
Hay más de una persona implicada en ventas o atención al cliente.
Se pierden oportunidades por falta de seguimiento.
La información comercial está repartida entre correos, hojas de cálculo y mensajes.
No tiene sentido cuando:
Todo el proceso comercial depende de una sola persona y es muy simple.
No existe un mínimo proceso de ventas definido.
Se espera que el CRM “ordene” el negocio por sí solo.
Un CRM no vende por ti. Solo hace visible cómo vendes.
Un buen ejemplo de esta diferencia entre “potencial” y “encaje real” es HubSpot.
Se trata de una plataforma potente, pero no adecuada para todas las pymes ni en cualquier momento.
Si quieres entender cuándo tiene sentido usar HubSpot y cuándo puede convertirse en una fuente de fricción,
hemos analizado ese escenario en detalle aquí:
Precisamente por eso, elegir un CRM no debería ser una decisión impulsiva ni basada en “lo que usa todo el mundo”. Un CRM mal elegido o mal implantado puede generar más fricción que orden, especialmente en pymes pequeñas.
Los sistemas de facturación y los ERP (Enterprise Resource Planning) se centran en la parte operativa: facturas, gastos, impuestos, inventario, proyectos o contabilidad básica.
En muchas pymes, especialmente en España, esta categoría suele ser prioritaria por razones fiscales y administrativas.
Tiene sentido cuando:
La facturación empieza a ser recurrente y compleja.
Se gestionan varios proyectos, clientes o líneas de negocio.
Se quiere tener una visión clara de ingresos y costes.
No tiene sentido cuando:
El volumen de facturación es bajo y estable.
Se contrata un ERP completo “por si acaso”.
Se espera que el software sustituya a una mínima organización interna.
Un buen sistema de facturación aporta claridad. Un ERP sobredimensionado aporta fricción.
En la práctica, muchas pymes en España se encuentran con que herramientas populares de facturación y gestión no encajan igual de bien en todos los contextos. Si estás evaluando este tipo de software, hemos analizado las principales alternativas a Holded según el tipo de empresa,
explicando en qué escenarios tiene sentido cada opción… y en cuáles no.
Facturación en España: Verifactu y los cambios legales que vienen
En España, elegir un software de facturación ya no es solo una cuestión de comodidad o eficiencia.
Aunque hoy (2026) todavía no es obligatorio para todas las empresas y autónomos usar un programa de facturación certificado, el marco legal ya está definido y la transición está en marcha.
Con la Ley Crea y Crece y la implantación del sistema Verifactu por parte de la Agencia Tributaria, el uso de software de facturación adaptado a la normativa será obligatorio de forma progresiva en los próximos años, especialmente en la facturación electrónica entre empresas (B2B).
Verifactu exige que los programas de facturación cumplan determinados requisitos técnicos: trazabilidad de los registros, numeración inalterable y, en muchos casos, envío automático de la información a Hacienda. El objetivo no es solo digitalizar la facturación, sino reforzar el control y la integridad de las facturas emitidas.
Situación actual (2026):
No existe todavía una obligación general para todas las pymes y autónomos, pero sí la necesidad de cumplir con la normativa vigente y de anticipar los cambios que ya tienen calendario. Elegir hoy un software que no esté alineado con Verifactu puede implicar tener que cambiar de herramienta en poco tiempo.
Qué viene a corto y medio plazo (2026–2027):
La obligatoriedad se aplicará de forma escalonada. Está previsto que a lo largo de 2026 afecte primero a sociedades y asesorías, y posteriormente a autónomos, hasta que en 2027 el uso de sistemas compatibles con Verifactu sea la norma general.
Como alternativa, la Agencia Tributaria ha anunciado un Portal Público de Facturación (PPF), una herramienta gratuita que permitirá cumplir con los requisitos legales sin contratar software privado, aunque con funcionalidades más limitadas que las soluciones comerciales.
En resumen:
A día de hoy aún existe margen de elección, pero la dirección es clara. Para muchas pymes, elegir desde ahora un software de facturación preparado para Verifactu no es una obligación inmediata, sino una decisión preventiva que puede evitar migraciones forzadas, costes inesperados y fricciones operativas en el futuro.
Herramientas de automatización
Las herramientas de automatización permiten conectar sistemas y eliminar tareas repetitivas: enviar correos, mover datos entre aplicaciones, generar avisos o actualizar registros.
Son especialmente útiles cuando una pyme ya tiene procesos claros que se repiten de forma predecible.
Tiene sentido cuando:
Existen tareas manuales que se repiten cada semana.
Los datos se duplican entre herramientas.
El equipo pierde tiempo en tareas de bajo valor.
No tiene sentido cuando:
Los procesos cambian constantemente.
No se entiende bien qué se quiere automatizar.
Se automatiza el desorden.
Automatizar sin claridad previa no ahorra tiempo: lo desperdicia más rápido.
Herramientas con inteligencia artificial
La IA aplicada a pymes suele presentarse como un acelerador universal: respuestas automáticas, predicciones, generación de contenido o análisis “inteligente”.
En la práctica, su valor depende casi por completo de la calidad de los datos y de los procesos existentes.
Tiene sentido cuando:
Existe un volumen suficiente de datos bien estructurados.
El equipo sabe interpretar y validar resultados.
La IA se usa como apoyo, no como sustituto del criterio humano.
No tiene sentido cuando:
Se espera que la IA “piense” por la empresa.
Los datos son incompletos o inconsistentes.
Se adopta por moda o presión competitiva.
En muchas pymes, la mejor IA es la que se integra de forma silenciosa y no interfiere en el trabajo diario.
Menos categorías, mejor elegidas
No todas las pymes necesitan un stack completo desde el primer día. De hecho, la mayoría funciona mejor con pocas herramientas bien elegidas que con muchas mal integradas.
El objetivo no es tener el software más moderno, sino el que encaje mejor con la realidad del negocio.
El coste real del software: lo que no aparece en la página de precios
Cuando una pyme evalúa una herramienta digital, la atención suele centrarse en una cifra concreta: el precio mensual.
Sin embargo, ese número rara vez representa el coste real del software. En muchos casos, es solo la parte más visible —y a veces la menos relevante— de una decisión mucho más profunda.
El verdadero impacto de una herramienta se manifiesta con el tiempo, en forma de fricción, dependencia o pérdida de flexibilidad.
Cuando se habla de costes, muchas pymes siguen mirando solo el precio mensual.
El problema es que el coste real de un stack SaaS incluye muchas capas que no aparecen en ninguna tabla de precios:
tiempo de adopción, fricción operativa, dependencias y mantenimiento.
Si quieres profundizar en esta dimensión, hemos analizado en detalle
cuánto cuesta realmente un stack SaaS para una pyme
y por qué muchas empresas acaban pagando más de lo que esperaban sin darse cuenta.
Tiempo de aprendizaje y adopción
Toda herramienta tiene una curva de aprendizaje. Aunque se presente como “intuitiva”, siempre exige tiempo: formación, adaptación y ajustes internos.
En una pyme, ese tiempo no es abstracto. Es tiempo que deja de dedicarse a clientes, ventas o gestión del negocio.
Antes de elegir un software conviene preguntarse:
¿Quién va a aprenderlo realmente?
¿Cuántas horas llevará usarlo con soltura?
¿Qué tareas se verán ralentizadas durante la transición?
Una herramienta barata que nadie usa acaba siendo cara.
Dependencia del proveedor
Muchos sistemas crean dependencia de forma progresiva: datos propietarios, flujos de trabajo cerrados o integraciones difíciles de replicar.
Esta dependencia no siempre es negativa, pero sí debe ser consciente.
Conviene valorar:
La facilidad para exportar datos.
La posibilidad real de cambiar de proveedor.
Qué ocurre si el precio sube o el servicio cambia.
El problema no es depender de una herramienta, sino no saber cuánto dependes de ella.
Cuando esa dependencia se vuelve invisible, el cambio deja de ser una decisión voluntaria y pasa a convertirse en una obligación costosa. Hemos analizado en detalle el coste oculto de cambiar de software
y por qué muchas pymes descubren demasiado tarde el impacto real de una migración.
Esta dependencia no es solo técnica, también es económica.
Muchas pymes descubren tarde que su stack de herramientas tiene un coste acumulado difícil de reducir.
Este patrón se repite en la mayoría de stacks SaaS mal dimensionados.
Costes de integración y mantenimiento
El software no vive aislado. Convive con otras herramientas, procesos y personas.
A menudo, el mayor coste aparece cuando se intenta integrar un sistema nuevo con los existentes: sincronización de datos, ajustes manuales, errores recurrentes.
Además, toda herramienta requiere mantenimiento:
Configuraciones que se quedan obsoletas.
Actualizaciones que cambian flujos de trabajo.
Soporte técnico que no siempre responde cuando se necesita.
Estos costes no suelen aparecer en ninguna comparativa, pero se pagan cada mes.
Además, cada nueva herramienta amplía la superficie de riesgo técnico y organizativo. No solo aumenta la complejidad operativa, sino también la exposición a errores, brechas o configuraciones deficientes, algo que muchas empresas subestiman hasta que se convierte en un problema real. Si quieres entender cuándo la ciberseguridad en pymes es un riesgo real y cuándo no,
conviene analizarla como consecuencia directa de cómo se construye el stack tecnológico.
Coste de oportunidad
Elegir una herramienta no es solo decidir qué se adopta, sino también qué se deja de hacer.
Cada euro y cada hora invertidos en un sistema son recursos que no se destinan a otras mejoras: formación, marketing, producto o atención al cliente.
Por eso, una buena decisión tecnológica no es la más avanzada, sino la que libera más recursos para lo que realmente importa.
El software como decisión estratégica, no técnica
En una pyme, el software no es solo una herramienta operativa. Es una decisión estratégica que condiciona la forma de trabajar durante años.
Evaluarlo únicamente por su precio mensual es reducir una decisión compleja a una variable engañosa.
El verdadero coste del software se mide en claridad, autonomía y capacidad de adaptación.
Cómo tomar buenas decisiones tecnológicas sin ser experto
Una de las mayores barreras al elegir software en una pyme es la sensación de no saber lo suficiente. Lenguaje técnico, comparativas complejas, siglas y promesas constantes hacen que muchas decisiones se tomen desde la inseguridad.
La buena noticia es esta: no necesitas ser experto en tecnología para tomar buenas decisiones tecnológicas.
Lo que necesitas es un marco claro.
Hazte responsable de la decisión, no de la herramienta
Elegir software no significa dominar todas sus funciones ni entender su arquitectura interna. Significa asumir la responsabilidad de cómo esa herramienta afecta a tu empresa.
Como decisor, tu papel no es saberlo todo, sino hacer las preguntas correctas:
¿Qué problema concreto estamos resolviendo ahora?
¿Qué cambiará en el día a día del equipo?
¿Qué pasa si esta herramienta no funciona como esperamos?
¿Qué alternativas reales tenemos?
Cuando estas preguntas están claras, la complejidad técnica pierde peso.
Desconfía de las soluciones universales
No existe “el mejor software para pymes” en abstracto.
Existen herramientas que encajan bien en determinados contextos y mal en otros. Toda solución que se presenta como válida para cualquier tipo de empresa suele ocultar compromisos importantes: rigidez, sobrecoste o dependencia.
Una señal de alerta clara es cuando una herramienta promete hacerlo todo sin exigir cambios internos. En la práctica, el software siempre exige algo a cambio: tiempo, atención, disciplina o adaptación.
Empieza pequeño y deja margen de maniobra
En la mayoría de casos, es preferible una solución que funcione bien hoy y pueda evolucionar mañana, que una plataforma sobredimensionada desde el inicio.
Esto implica aceptar que:
Puede que dentro de dos años necesites cambiar de herramienta.
No todas las decisiones tienen que ser definitivas.
La flexibilidad tiene valor.
El objetivo no es acertar para siempre, sino reducir el riesgo de bloqueo.
Documenta el porqué de la decisión
Un hábito poco habitual —y muy poderoso— es documentar por qué se elige una herramienta.
No hace falta un informe complejo. Basta con responder por escrito a tres preguntas:
¿Qué problema estamos resolviendo?
¿Por qué esta herramienta y no otra?
¿Qué señales nos indicarían que debemos cambiar en el futuro?
Este pequeño ejercicio aporta claridad hoy y ahorra discusiones mañana.
Errores habituales al elegir software (y cómo evitarlos)
A lo largo del tiempo, se repiten una y otra vez los mismos errores en pequeñas y medianas empresas. Identificarlos a tiempo es una de las mejores formas de evitarlos.
Elegir por presión externa
“Todo el mundo lo usa”, “el asesor lo recomienda”, “la competencia ya lo tiene”.
Las decisiones tomadas por presión rara vez encajan bien. Pueden funcionar durante un tiempo, pero suelen generar fricción cuando la realidad del negocio no coincide con el supuesto estándar.
Confundir complejidad con profesionalidad
Un software complejo no hace a una empresa más profesional. A veces ocurre lo contrario: introduce barreras innecesarias y ralentiza el trabajo.
La profesionalidad se mide por la claridad de los procesos, no por el número de herramientas.
Subestimar el impacto humano
El software no lo usan las empresas: lo usan las personas.
Ignorar la resistencia al cambio, la curva de aprendizaje o la carga mental que supone una herramienta nueva es uno de los errores más costosos.
Una herramienta que el equipo evita es una herramienta fallida, independientemente de sus funcionalidades.
No revisar decisiones pasadas
Muchas pymes mantienen software que ya no encaja simplemente por inercia.
Revisar periódicamente las herramientas utilizadas —qué aporta cada una y qué fricciones genera— es una práctica sana, no un fracaso.
En muchos casos, la revisión no implica cambiar inmediatamente, sino evaluar con criterio si el momento es el adecuado. Cambiar demasiado pronto puede generar más fricción que beneficios, pero hacerlo demasiado tarde también tiene costes acumulados. Precisamente por eso es clave entender cuándo conviene cambiar de software y cuándo es mejor optimizar lo que ya tienes.
La tecnología como aliada, no como promesa
Elegir software para una pyme no debería ser un acto de fe ni una apuesta a ciegas.
Cuando se toma con criterio, el software puede aportar orden, claridad y eficiencia. Cuando se adopta sin reflexión, puede convertirse en una fuente constante de costes y frustración.
La diferencia no está en la herramienta, sino en el proceso de decisión.
Si hay una idea que conviene retener de esta guía es esta:
La mejor tecnología es la que desaparece en el día a día y permite que el negocio funcione mejor sin convertirse en protagonista.
No se trata de digitalizar por digitalizar, ni de adoptar lo último, ni de parecer más avanzado.
Se trata de tomar decisiones conscientes, alineadas con la realidad de tu empresa y abiertas al cambio cuando sea necesario.
Ese es el verdadero valor del software bien elegido.
Una carta ocasional sobre tecnología, poder y decisiones reales en pymes.
Sin ruido. Sin hype. Solo cuando merece la pena.
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