¿Estamos en una burbuja de la IA?

Qué es hype, qué es infraestructura y qué decisiones pueden esperar las pymes

Ilustración conceptual sobre la burbuja de la inteligencia artificial y la diferencia entre hype e infraestructura real en el contexto empresarial
Ilustración editorial — Threshold Review

Por qué preguntar si hay una “burbuja” suele ser el enfoque equivocado

Cada vez que una tecnología empieza a ocupar titulares, presentaciones comerciales y conversaciones empresariales al mismo tiempo, aparece inevitablemente la misma pregunta: ¿Estamos ante una burbuja?

Con la inteligencia artificial está ocurriendo exactamente eso. La palabra “burbuja” se repite en medios, eventos y reuniones como si fuera una advertencia neutral. Pero en realidad es una pregunta mal planteada. No porque no haya exageración —la hay—, sino porque mezcla cosas distintas que conviene separar antes de tomar decisiones reales.

Especialmente en empresas pequeñas.

En una pyme de una, dos o cinco personas, esta confusión no es teórica. Se traduce en dinero mal gastado, tiempo perdido y equipos —a veces una sola persona— frustrados por herramientas que prometían ayudar y acaban estorbando.

Antes de preguntarnos si la IA es una burbuja, conviene entender qué tipo de burbuja podría ser… y, sobre todo, en qué capas no lo es en absoluto.

Tres cosas distintas que solemos mezclar cuando hablamos de “burbuja”

Cuando se habla de burbuja de la IA, en realidad se están mezclando al menos tres fenómenos distintos. Confundirlos es lo que lleva a malas decisiones, sobre todo cuando los recursos son limitados.

1. Burbuja financiera

Valoraciones infladas, rondas de inversión desproporcionadas, promesas de retorno rápido. Esto existe. Y no es nuevo. Ya ocurrió con el cloud, con las apps móviles y con el blockchain.

Para una micro-pyme, esta capa suele ser irrelevante… salvo cuando su ruido acaba influyendo en el marketing del software que compra.

2. Burbuja de expectativas

Discursos que prometen automatización total, productividad inmediata o ventajas competitivas casi mágicas.

Aquí es donde más daño se hace. No porque todo sea falso, sino porque se exagera lo que una empresa pequeña puede obtener hoy, con procesos imperfectos, poco tiempo y sin equipo técnico.

3. Infraestructura tecnológica real

Modelos, capacidades y técnicas que, independientemente del ruido, sí están cambiando cómo se construye y se usa el software.

El problema aparece cuando una pyme toma decisiones operativas basándose en señales del primer o segundo plano, sin distinguirlas del tercero. Cuando decide por miedo a quedarse atrás, no por un problema concreto que necesita resolver.

Este artículo no va a intentar predecir qué empresas desaparecerán ni cuándo explotará nada. Va a hacer algo más útil: ayudarte a separar ruido de señal, para que sepas qué observar con calma, qué ignorar sin culpa y qué no tiene sentido decidir todavía.

Por qué la pregunta “¿es una burbuja?” no ayuda a decidir

Preguntar si la IA es una burbuja suele llevar a dos respuestas igualmente poco útiles para una pyme pequeña:

  • “Sí, es una burbuja, mejor no tocar nada.”
  • “No, es una revolución imparable, hay que subirse ya.”

Ambas reacciones son comprensibles. Y ambas son malas guías para decidir cuando cada error pesa.

Las pymes —y especialmente las muy pequeñas— no compiten en el plano de la inversión financiera ni en el de la narrativa tecnológica. Compiten en algo mucho más concreto: operaciones diarias, costes reales, tiempo limitado y dependencia de herramientas que luego cuesta cambiar.

Desde ahí, la pregunta relevante no es si la IA está inflada, sino otras mucho más incómodas:

  • ¿Qué partes de todo este fenómeno van a afectar de verdad a mi forma de trabajar en los próximos años?
  • ¿Qué promesas puedo ignorar sin riesgo?
  • ¿Dónde conviene observar antes de actuar?
  • ¿Y dónde actuar ahora mismo sería, sencillamente, una mala idea?

Responder a esto exige cambiar el marco desde el que solemos tomar estas decisiones.

Cambiar el marco: de “tendencia” a “infraestructura”

Una pista útil es esta: las burbujas de verdad suelen pinchar cuando desaparece la utilidad estructural.

La IA, en cambio, está dejando algo distinto. Está dejando capas nuevas de infraestructura que no dependen de que una startup concreta sobreviva ni de que una promesa comercial se cumpla exactamente como se vendió.

Dicho de forma simple: puede que muchas herramientas desaparezcan, pero la forma en que el software se construye y se usa ya está cambiando.

Eso no significa que todo lo que hoy se presenta como “IA” vaya a funcionar. Significa que el suelo ha cambiado, aunque muchos edificios construidos encima se derrumben.

En las siguientes partes del artículo vamos a descender capa a capa:

  • qué está claramente inflado,
  • qué está madurando en silencio,
  • y qué decisiones una pyme pequeña no debería dejarse arrastrar a tomar solo porque el ruido aprieta.

Dónde está el hype (y por qué no es ahí donde una pyme pequeña debería mirar)

Si la pregunta “¿es una burbuja?” no ayuda a decidir, el siguiente paso lógico es identificar dónde se concentra el ruido. No para criticarlo, sino para no tomar decisiones empujadas por él.

En el caso de la IA, el hype no está repartido de forma homogénea. Se concentra en tres zonas muy concretas, todas muy visibles, muy amplificadas… y poco útiles para una empresa pequeña que decide con cuidado.

1. El hype del “todo será automático”

Una de las promesas más repetidas es que la IA va a automatizar gran parte del trabajo intelectual: atención al cliente, ventas, marketing, análisis, incluso toma de decisiones.

El problema no es que esta promesa sea falsa en abstracto. El problema es cómo se interpreta desde una pyme pequeña.

En la mayoría de micro-pymes, el trabajo no está suficientemente ordenado ni estandarizado como para automatizarse de forma limpia. Hay excepciones, pero son eso: excepciones. En la práctica, lo que suele ocurrir es algo mucho más cotidiano:

  • La IA funciona bien en una demo.
  • Funciona aceptablemente en tareas muy concretas.
  • Empieza a fallar cuando entra en contacto con procesos reales, datos incompletos y personas que hacen varias cosas a la vez “como pueden”.

Aquí aparece una fricción que rara vez se explica bien: automatizar mal suele crear más trabajo del que elimina.

Por ejemplo:

  • respuestas automáticas que hay que corregir una a una,
  • textos “casi bien” que requieren revisión,
  • flujos que fallan justo cuando hay prisa,
  • o clientes que se enfadan porque “la respuesta automática no entiende nada”.

El hype promete ahorro de tiempo. La realidad, en muchas pymes pequeñas, introduce nuevas tareas invisibles que se suman al día a día.

2. El hype de las “features mágicas”

Otra zona clásica de exageración es la carrera por añadir “IA” como etiqueta a cualquier producto: CRMs, ERPs, herramientas de marketing, gestores de proyectos, plataformas de soporte.

Muchas de estas funcionalidades no son inútiles. El problema es que muchas no cambian la decisión real que una pyme pequeña tiene que tomar.

Algunos patrones frecuentes:

  • recomendaciones que replican reglas simples,
  • asistentes que redactan pero no entienden tu contexto,
  • predicciones que no puedes comprobar,
  • dashboards “inteligentes” que no te ahorran una decisión, solo la adornan.

Aquí el riesgo no es técnico, es mental: confundir novedad con mejora real.

Para una micro-pyme, una feature solo merece atención si responde afirmativamente a preguntas muy simples:

  • ¿me quita trabajo hoy o me lo añade después?
  • ¿reduce errores o crea nuevos?
  • ¿puedo dejar de pensar en esto o tendré que vigilarlo constantemente?

Si la respuesta es ambigua, probablemente no sea tan importante como parece en la demo.

3. El hype del “si no lo haces ahora, llegas tarde”

Quizá el más dañino de todos.

La narrativa de urgencia —“esto avanza tan rápido que si no actúas ya te quedas fuera”— empuja a muchas pymes pequeñas a decisiones defensivas: adoptar por miedo, no por necesidad.

Este tipo de presión suele venir de:

  • discursos de mercado,
  • presentaciones comerciales,
  • comparaciones con empresas mucho más grandes.

Pero aquí hay una asimetría clave que conviene recordar: las pymes pequeñas no juegan al mismo juego.

No tienen los mismos recursos, ni los mismos márgenes de error, ni la misma capacidad para absorber una mala decisión. Cuando algo sale mal, no se corrige con un proyecto nuevo: se paga con tiempo personal, estrés o dinero propio.

La velocidad no ayuda si te empuja a una decisión que no encaja con tu realidad.

Una señal clara de hype: cuando no se puede explicar el “para quién no”

Una regla sencilla para detectar exageración es esta:

Si una propuesta de IA no puede explicar con claridad para qué tipo de empresa NO tiene sentido, probablemente esté inflada.

Las tecnologías útiles suelen tener límites claros. El hype intenta borrarlos.

Para una pyme pequeña, aprender a escuchar esos límites —y a desconfiar cuando nadie los menciona— suele ser más valioso que entender cómo funciona la tecnología por dentro.

Entonces, ¿qué hacemos con todo este ruido?

Ignorarlo por completo tampoco es buena idea. Pero mirar solo ahí suele llevar a decisiones equivocadas.

En la siguiente parte vamos a mover el foco: no hacia lo que se promete, sino hacia lo que ya está cambiando de verdad el software, incluso cuando no se vende como una revolución.

Ahí es donde empieza la señal.


Qué sí se está quedando (aunque no suene a revolución)

Si el hype se concentra en promesas visibles, la señal suele aparecer en otro lugar: cambios menos espectaculares, pero más persistentes. En el caso de la IA, lo que se está quedando no es una “inteligencia” que lo hace todo, sino una forma distinta de construir y usar el software.

Para una pyme muy pequeña, esto importa no porque obligue a adoptar nada hoy, sino porque cambia el contexto en el que decides, incluso cuando no haces nada.

1. La IA como capa transversal, no como herramienta aparte

Durante años, el software empresarial se compraba como piezas separadas: facturación, clientes, proyectos, soporte.

Lo que está cambiando no es tanto el nombre de esas herramientas, sino cómo se les añaden capas de ayuda.

Cada vez más, la IA aparece como:

  • una ayuda que sugiere o completa,
  • una forma más sencilla de buscar o pedir cosas,
  • un atajo para tareas repetitivas que antes exigían más clics o más cabeza.

Dicho de forma práctica: no vas a “comprar IA”. Te la vas a encontrar dentro de las herramientas que ya usas, te guste o no.

Para una micro-pyme, esto tiene una consecuencia importante: no decidir nada también tiene efectos, aunque no se noten hoy.

Si quieres profundizar en este punto sin caer en promesas infladas, conviene distinguir con calma qué usos de la IA están funcionando de verdad hoy en empresas reales, y cuáles siguen siendo más discurso que práctica.

2. El cambio real está en la interfaz, no en que el software “piense”

Una de las transformaciones más duraderas no está en que los sistemas sean más inteligentes, sino en que se vuelven más fáciles de usar.

Asistentes que explican qué hace una opción, buscadores que entienden lo que quieres decir, textos que se generan como borrador… todo esto reduce una fricción muy concreta: el tiempo que tardas en entender una herramienta.

En una empresa pequeña, esto se nota cuando:

  • alguien aprende más rápido,
  • se depende menos de tutoriales,
  • o una tarea que antes daba pereza se hace sin bloquearse.

No elimina la complejidad del negocio. Pero quita pequeñas piedras del zapato, y eso, en el día a día, importa.

3. Cuando algo deja de ser “avance” y pasa a ser lo mínimo

Otra señal clara de que algo se está quedando es cuando deja de venderse como innovación y empieza a asumirse como normal.

Ya está ocurriendo con:

  • resúmenes automáticos,
  • clasificación básica de información,
  • generación de textos de apoyo,
  • detección de patrones sencillos.

Hace poco esto sonaba a “IA avanzada”. Cada vez más, será simplemente parte del paquete.

Para una micro-pyme, esto cambia el foco. No se trata de “tener IA”, sino de no pagar más por algo que pronto será estándar, como ocurrió en su día con el correo, el cloud o las copias de seguridad.

4. La dependencia tecnológica: el efecto secundario que casi nadie explica

Aquí aparece una parte menos visible, pero especialmente importante para empresas pequeñas.

Muchas de las capacidades que se están quedando no viven en tu ordenador ni en tu servidor, sino en plataformas externas: modelos, APIs, servicios de terceros.

En la práctica, esto se traduce en preguntas muy simples:

  • si esto deja de funcionar, ¿qué hago?
  • si sube de precio, ¿puedo cambiar?
  • si cierro la cuenta, ¿pierdo algo importante?

Esto no es necesariamente malo. Pero sí es algo que conviene entender antes de integrar nada a fondo.

En una micro-pyme, cambiar de proveedor suele ser más caro de lo que parece: datos que migrar, hábitos que romper y tiempo que no sobra. Ese tipo de costes —que no aparecen en la factura— ya los hemos analizado en detalle cuando hablamos de costes reales que no aparecen en la factura.

Una idea clave: lo que se queda no siempre exige actuar ya

Que algo forme parte del futuro del software no implica que tengas que decidir hoy.

Muchas de estas capas se están consolidando a nivel de mercado, no a nivel de cada empresa. Llegarán integradas, más estables y, normalmente, más baratas.

Para una pyme muy pequeña, saber qué esperar suele ser más útil que intentar adelantarse.

En la siguiente parte vamos a cerrar el marco con una idea que suele costar aceptar: que esperar con criterio no es ir tarde, sino protegerte de decisiones que no encajan.


Qué decisiones pueden esperar (y por qué no es un fallo hacerlo)

En un entorno saturado de mensajes sobre velocidad, ventaja competitiva y “no quedarse atrás”, decidir no decidir suele vivirse como pasividad. En realidad, en muchas micro-pymes es justo lo contrario: es una forma consciente de protegerse.

No todas las capas de la IA están maduras para integrarse sin fricción. Y no todas las empresas pequeñas tienen margen para experimentar sin consecuencias.

1. Decisiones que, en la mayoría de micro-pymes, pueden esperar

Hay decisiones relacionadas con IA que se presentan como urgentes, pero que para una empresa de una a cinco personas rara vez lo son.

a) Cambiar de herramienta solo por “tener IA”

Si una herramienta cumple razonablemente su función, cambiarla únicamente porque otra “tiene más IA” suele ser una mala razón.

En una micro-pyme, el coste real no está en la licencia, sino en:

  • datos que hay que mover,
  • hábitos que hay que reaprender,
  • tiempo que se pierde mientras todo vuelve a funcionar.

Ese coste casi siempre supera el beneficio inmediato.

b) Integraciones profundas sin un problema claro

Conectar modelos, automatizaciones o flujos complejos cuando no existe un cuello de botella evidente suele generar más trabajo del que elimina.

La IA amplifica procesos. Si el proceso es confuso, amplifica la confusión.

c) Decisiones basadas en promesas futuras

Muchas propuestas se apoyan en hojas de ruta que aún no existen. Apostar hoy por beneficios que llegarán “más adelante” es asumir riesgo sin retorno claro.

Retrasar estas decisiones no es ir tarde. Es evitar pagar el precio de ser el primero en equivocarse.

2. Observar no es ignorar: es mirar con intención

Tomarte tiempo no significa desentenderte. Significa observar sin prisa, con preguntas concretas.

En una micro-pyme, observar con intención puede ser tan simple como:

  • fijarte en qué mejoras llegan integradas sin esfuerzo,
  • ver qué funciones se vuelven normales en varias herramientas,
  • detectar qué proveedores dependen demasiado de promesas futuras,
  • notar qué tareas te quitan energía de forma repetida.

Esto no requiere proyectos ni decisiones formales. Requiere atención, no velocidad.

3. El riesgo real no es “no adoptar”, sino adoptar mal

El discurso dominante suele presentar dos opciones: adoptar o quedarse atrás. En la práctica, el riesgo más común en empresas pequeñas es un tercero:

adoptar algo que no encaja, no se usa bien y luego no se puede deshacer sin dolor.

Esto suele generar:

  • frustración diaria,
  • pérdida de confianza en la tecnología,
  • rechazo a mejoras legítimas más adelante.

En una micro-pyme, una mala adopción pesa más que una adopción tardía, porque no hay colchón para absorber errores.

4. Una regla práctica para saber si conviene esperar

Una pregunta sencilla puede ayudarte a decidir cuándo no es el momento:

¿Puedo explicar en una frase qué problema concreto me quita esto, mejor que lo que ya tengo?

Si la respuesta es difusa —“eficiencia”, “modernización”, “por si acaso”, “no quedarnos atrás”— suele ser una señal clara de que la decisión viene empujada desde fuera.

No es una regla técnica. Es una forma práctica de protegerte de malas decisiones.

5. Esperar también es una forma de ganar información

El tiempo, en este contexto, no solo pasa. Filtra.

Filtra herramientas que sobreviven. Filtra promesas que se ajustan. Filtra costes que antes no se veían.

Para una micro-pyme, ganar claridad suele ser más valioso que ganar velocidad.

No se trata de acertar el futuro, sino de decidir mejor hoy

La inteligencia artificial no va a desaparecer. Tampoco va a cumplir todas las promesas que hoy se repiten. Entre esos dos extremos se mueve la realidad con la que las empresas pequeñas tendrán que convivir.

No tienes que adoptar por miedo ni rechazar por escepticismo. No tienes que entenderlo todo ahora. Y, sobre todo, no vas tarde.

Separar hype de infraestructura, entender qué se está quedando y ser consciente de las dependencias que introduces sin darte cuenta es, hoy, una ventaja silenciosa.

Este artículo no pretende decirte qué hacer con la IA. Pretende evitar que decidas empujado por el ruido.

Y, en muchos casos, decidir que todavía no también es una decisión válida. Si quieres un marco más amplio para sostener este tipo de decisiones en el día a día, aquí tienes una guía de referencia sobre tomar decisiones tecnológicas con más criterio.

La newsletter de Threshold Review

Una carta ocasional sobre tecnología, poder y decisiones reales en pymes. Sin ruido. Sin hype. Solo cuando merece la pena.